El mundo sigue. Ella no puede. La pieza trabaja esa distancia, entre la protagonista y todo lo que la rodea, para mostrar cómo se siente estar adentro de un pozo con la vida pasando afuera.
Alaska — Un Día Más
Un videoclip sobre la parálisis y el peso invisible de seguir. Trabajamos con Alaska una pieza íntima y cinematográfica donde la quietud no es paz, es lucha, y el movimiento más pequeño puede ser el más difícil de todos.
Una pieza pensada para sentirse, no solo verse
Un Día Más habla de algo que cuesta mucho nombrar: el pozo. Ese momento en que levantarse duele, en que el mundo sigue a toda velocidad y vos no podés arrancar. La canción lo dice sin rodeos, y el videoclip tenía que estar a la altura de eso.
Desde Andina trabajamos el concepto desde adentro: entender qué quería contar Alaska, qué se siente cuando pedís ayuda sin que nadie te escuche. La idea nunca fue decorar la canción. Fue construirle un universo visual donde esa lucha interna, invisible y silenciosa, se pudiera ver.
El proyecto en movimiento
Todo lo que pasó antes de que existiera el videoclip: cómo llegamos al concepto, qué buscábamos en cada locación y los momentos del proceso que no entran en la pantalla pero forman parte de todo.
Habitación, exterior y atmósfera
Imágenes del videoclip y del rodaje. La habitación, el encierro, los espacios públicos donde nadie mira y los momentos que quedaron detrás de cámara.
Cómo construimos la narrativa audiovisual
Construcción del concepto
La canción habla de algo muy específico: ese estado en que no podés moverte mientras el mundo no para. Desde ahí construimos la lógica visual del videoclip: la habitación como el lugar donde todo se detiene, el exterior como el mundo que sigue sin esperarte.
Diseño de atmósferas
Buscamos un look neo-noir urbano, cinematográfico y nocturno. El interior: frío, íntimo, detenido. Colores azules, luz de reloj, polvo. El exterior: velocidad, neones, túneles, la ciudad que no te espera.
Montaje y ritmo visual
El grito silencioso que describe la canción tenía que encontrar su forma en la edición. Trabajamos el ritmo para que la tensión no se resolviera fácil, para que ese paso final, uno solo, pequeño, se sintiera como lo que es: lo más difícil de todo.
Una identidad visual con presencia propia
El videoclip terminó siendo una pieza con una identidad muy clara. La habitación carga con el encierro, el desgaste, el tiempo que no pasa. El exterior carga con todo lo que empuja desde afuera, la ciudad, el movimiento, la gente que ni te ve.
Lo que más nos importaba era que quien lo vea lo reconozca. No hace falta haber vivido exactamente eso para entender lo que siente ese personaje parado en el medio de la multitud, gritando sin que nadie escuche.
Un día más, pero sigo aunque no se ve. A veces el paso más pequeño es el que más cuesta, y este videoclip —creado con mucho amor— existe para que eso se pueda ver.